EL LAMENTO ANTE LA CRUZ PROFETIZADO

LAMENTO ANTE LA CRUZ (Zacarías 12:10) INTRODUCCIÓN: notad el notable cambio de personas … «… y mirarán a mí …»; «… y llorarán como se llora por hijo unigénito …». Estos cambios indican unidad y factor distintivo, y nos hablan de la unidad de la Trinidad. El que habla es Jehová, «que extiende los cielos y funda la Tierra» (v. 1), pero que dice «… y mirarán a mí, a quien traspasaron …». Es Jehová-Jesús el que fue traspasado, y derrama el Espíritu de gracia. Nos dedicaremos a tratar ahora el arrepentimiento y la pena por el pecado. 1. Es creada por el Espíritu Santo, el espíritu de gracia: a) No es producido meramente por la conciencia, ni por el miedo, ni por el uso de una forma de penitencia; mucho menos por la música, u otros factores que apelan a las emociones. b) Viene como un don de la gracia: «derramaré». El entendimiento es iluminado, el corazón renovado, por un acto distintivo del Espíritu de Dios, enviado por el Padre. c) Es asistido por la oración: «Espíritu de gracia y de oración …». Es diferente del remordimiento, el cual nunca lleva a la oración. 2. Se produce cuando miramos al Señor: «… Y mirarán a mí, a quien traspasaron …». Por lo tanto, no podemos prepararnos para esta mirada; miramos al Señor Jesucristo tal como somos y tal como estamos, y esa mirada hace de nosotros verdaderos penitentes: a) Somos capaces de ver el mal que el pecado ocasiona a la pureza, pues este mismo fue el que crucificó al Santo de los Santos, ataviado con la belleza de la santidad y pureza absolutas. b) Vemos la ingratitud del pecado hacia el amor. El pecado para a la compasión con un tremendo odio, y, por lo tanto, crucifica al Señor Jesús. c) El pecado es enemigo de Dios, y de hecho es lo que le ha llevado a la cruz. d) Eso es lo que ha hecho la terrible culpa de nuestro pecado. Nada sino el infinito valor del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo podría haber hecho la expiación de este. 3. Es la pena más grande: «… Y llorarán como se llora por hijo unigénito …». a) Es una agonía doble: desprenderse del Hijo único, y además del primogénito. b) Es una agonía personal y privada (vv. 12–14). c) Tiene un carácter social: «la casa de David»; «los moradores de Jerusalén». 4. Esta clase de lamento no es en sí misma una forma de limpiar el pecado: por medio de este se confiesa la transgresión, pero no puede quitarse el pecado. La convicción es un espejo que nos muestra nuestras manchas, pero no un baño capaz de quitarlas … a) Nos da a conocer la necesidad de limpieza, pero no es en sí mismo fuente de limpieza. b) Acompaña a la mirada salvadora del Señor Jesús, pero no rivaliza con ella. c) Hace que nos alejemos del «yo». d) Nos lleva hacia el Señor Jesús. Hacemos lamentación por Él, y eso hace que nuestro corazón se vea más ligado a Su Persona. 5. El llamado: ¡Ven, corazón sangrante, y mira al Señor para tu salvación! ¡Ven, corazón duro, y mira al Señor para quebrantarte! ¡Ven, corazón descuidado, pues la visión del Señor puede llamarte aún a ti! CONCLUSIÓN: «La cabeza de Cristo ha santificado todas las espinas, Su espalda, todos los surcos; Sus manos, todos los clavos; Su costado, todas las lanzas; Su corazón, todas las penas que puedan llegarle de cualquiera de Sus hijos» (Samuel Clark)

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