CRISTOLOGIA SEGUN WALTER KASPER




Notas sobre LA RESURRECCIÓN DE JESÚS a partir de Kasper (JC cap. 10) como fundamento de nuestra fe en Jesús y contenido salvífico para nosotros


1º La Cristología se cae o se sostiene con la fe en la Resurrección de Jesús.
            El Dios de nuestros padres ha glorificado a su Siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y de quien renegasteis  ante Pilato... Pero Dios le resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello (Hch 3,13-15).
-> Interés actual y urgencia de la reflexión sobre la Resurrección de Jesús.
-> El problema hermenéutico y el difícil acceso a la fe desde la modernidad crítica.
-> Todo comenzó en Galilea, con el anuncio de la llegada del Reinado de Dios, que desencadenaría un conflicto que le llevó hasta el enfrentamiento en Jerusalén y su muerte en la cruz.
-> A) La cuestión de la génesis u "origen" histórico de la fe en la Resurrección de Jesús.
            ->        Los datos de la tradición neotestamentaria. El problema de la superación de la cruz. Un acontecimiento desencadenante. El testimonio de los testigos. La designación de la experien­cia original como ophthê o apocalypsis.
            ->        Dificultades ideológico-hermenéuticas de los datos. Resultado: la insuficiencia de los intentos de explicación histórico-genética como autoconvencimiento, sugestión o mera conversión (Kessler 170ss.; Kasper-Vidal 289ss.)
            ->        El problema del lenguaje para una experiencia inaferrable y la importancia de los relatos. Y el problema del cómo imaginarnos la experiencia en analogía con lo que podamos comprender sin reducirlo a nuestras posibilidades de comprensión, respetando su originalidad y hasta su falta de analogía con todo otro acontecimiento. Hablaremos de «cristo-fa­nías», de «auto-presentación» de Jesús, de salirles al encuentro como yendo al Padre y de verdadero «encuentro» interperso­nal que no les deja igual sino produce su impacto y su efecto en ellos. Desde la teología fundamental parece dudoso que un hecho de Revelación, ya profética o pascual, pueda ser objeto de una representación mental verificable (cf. Kessler 191).
-> B) De la cuestión por el origen histórico a la pregunta por el fundamento suficiente de la fe pascual, que incluye pero trasciende la cuestión del origen.
-> Las apariciones serían el fundamento cognitivo originario para la fe apostólica, pero el verdadero fundamento de la fe es Jesús mismo, ahora resucitado, que les sale al encuentro, como manifestación de una nueva y escatológica acción de Dios sobre él, y para nosotros. Sólo el Crucificado ahora resucitado por Dios podía y puede mantener la fe en él y en la llegada del Reinado de Dios escatológico, en su proximidad incondicional y amorosa para con los hijos "perdidos" y los "víctimas".
-> El mismo Resucitado abre su propio campo hermenéutico (R. Marlé), o sea, el de la interpretación de las Escrituras a partir de lo acaecido en Jesús; y viceversa: la comprensión de lo acaecido en Jesús a partir de la historia de las intervenciones salvíficas de Dios, y de las expectativas, de que daban testimo­nio las Escrituras. (Cf. Lc 24,13-35: «Comenzando por Moisés y por todos los profetas, Jesús les explicó a través de todas las Escrituras lo que le concernía a él»; y «le reconocieron al partir el pan»). Resultado: el acceso a Jesús no puede ignorar el acceso que el mismo Resucitado posibilita, el que él se hizo posible en ellos, y que quedó plasmado en el testimonio global del NT, y en la comunidad de fe convocada para el memorial de su muerte y resurrec­ción.

2º El contenido y significación soteriológica de nuestra fe en la Resurrección de Jesús.
-> Acción de Dios: La fe apostólica como «comienzo en plenitud», fundante e irrebasable. La problemática del «comienzo» para la historicidad humana, que no es meramente pasado, como el «ésjaton» no es meramente futuro (Darlap, Escuela de Tubinga, Rombach, etc.). Retrospectivamente, contamos con una serie de comienzos que sólo pueden tener a Dios como su agente, y por eso son comienzos absolutos en la relatividad de la historia o del tiempo: 1. La Resurrección y los relatos pascuales, 2. la Encarnación y los relatos de anunciación, 3. los Profetas y sus relatos de vocación, 4. la creación del pueblo de Israel y los relatos del Éxodo y de los Patriarcas, y 5. la Creación y los relatos de creación. Diversos géneros literarios pero determinados por el mismo tema del comienzo, tema de los orígenes arrebatado del mundo mitológico para resituarlo en la historia concreta que hacemos los humanos (P. Gibert, Bible, mythes et recits de comencement, Ed. du Seuil, Paris 1986)). Hablamos aquí de un nuevo comienzo, una nueva creación en medio de la historia que aún perdura.
-> Re-acción del hombre: La fe de los apóstoles y nuestra fe mediada por aquélla. La nueva comunidad de fe convocada en el Espíritu del Resucitado, en cuanto signo e instrumento de la presencia permanenete del Resucitado en la historia. La "credibilidad", hoy, del primer testimonio pascual apostólico (Kessler 213ss.) y la pregunta por el fundamento y contenido d ela fe..
-> A) La resurrección de Jesús como acción poderosa y escatológi­ca de Dios. ¿Qué significa que «Dios actúa»? (Kessler 234-256; Werbick 154-167) El problema de las "intervenciones" de Dios en la historia: ni extrinsecismo ni inmanentis­mo. El designio salvífico de Dios se da en una secuencia de acontecimientos y siempre mediante unas experiencias humanas últimamen­te indeducibles, que se insertan en esa secuencia, que nos invita a «aprender a aprender» cómo Dios actúa su salvación en las humanas mediaciones (J. L. Segundo).
1.      Esta mediación humana se excluye en el único acto totalmente suyo, el acto absoluto de la creación de la nada.
2.      Luego, cuando Dios interviene en la historia crea una diferencia respecto de lo accesible "desde abajo" o respecto de aquello en lo que el hombre se proyectaba. Dios responde al hombre sí, y en su respuesta al hombre le sorprende: no hubiéramos imagina­do a Dios así, si no hubiera acontecido así. Esta diferencia se perdería si no mantene­mos la tensión entre el "contenido" salvífico humaniza­dor y el indeduci­ble "acontecer/expe­riencia" de salvación que viven unos seres humanos en fe. Una constante: "la fuerza en la debilidad".
3.      Y por último tenemos la acción de Dios en la resurrección de Jesús, que se sitúa al nivel del poder creador de Dios, sin actividad mediadora humana, pero dando a conocer dicha intervención por medio de experiencias humanas históricas de los testigos. Es esta la respuesta de Dios y su justicia salvífica a la historia humana, y en concreto, a la historia de Jesús. El significado teológico del «tercer día».
4.      Queda ahora aún, después de la intervención de Dios en su día, el modo de intervenir en nuestras vidas y en toda la humanidad de antes y después de Jesús, que realiza mediante su Espíritu Santo, dicho Espíritu, en la tradición y progreso de los que guardan la memoria de Jesús, les ayuda a recordar y hacer actual el significado salvador de su vida, palabras, signos, conflicto, muerte y resurrección.
-> B) La resurrección como exaltación de Jesús, el crucificado. Dios estuvo en Cristo reconci­liando al mundo consigo (2 Cor 5,19). El Sí de Dios a Jesús, significa la unidad paradógica entre cruz y resurrección. No hay otra palabra de Dios, más que la palabra de la cruz, tomada ésta como la síntesis de toda la vida y persona de Jesús. La corporalidad del Resucitado significa la salvación de esta historia de relaciones vividas mediante el cuerpo. Un pedazo de nuestra historia entra en la trascendencia del amor de Dios, y en ese "cuerpo espiritual" o de resucitado mantiene Jesús la relación con nosotros y con nuestra historia, y somos llamados a in-corpo­rarnos a él. La exaltación de Jesús significa que el Crucificado ahora es Señor, participa del mismo señorío de Dios para nuestra salvación.
-> C) La resurrección de Jesús revierte en nuestro mundo significando su salvación. La media­ción salvífica universal del Señor exaltado coincide con la expansión-misión universal del Espíritu Santo de Dios. El "ya" y el "todavía no" de la salvación, de camino hacia la plenitud escatológica en que Dios sea todo en todos. La historia humana cuenta ahora con una determinación óntica nueva. No se hace el mismo análisis de la historicidad y de la historia humana si se cuenta con el final anticipado en términos de resurrección de la "carne", tal como lo confesamos acaecido ya en Jesús. Esta historia, esta "carne", este mundo, en toda su fragilidad y hasta en todo su pecado, merece ser vivido si lo contemplamos desde la perspectiva de su redención en Jesucristo: nuestra “carne” y nuestra historia concreta como nos hemos ido haciendo personas, son redimibles; y así, redimidas, purificadas, transfiguradas por el Dios vivo y eternos, podrán alcanzar la plenitud hacia la que tendían, podrán participar de vida eterna con Dios. Habrá justicia también para los que han caído víctimas de las injusticias humanas. Y quienes contemplamos así las cosas somos invitados a anticipar ya en la historia, sacramental y políticamente, “la redención de lo humano”.
            En efecto: La luz de la Resurrección de Jesús sobre las cuestiones que más nos importan: el destino o vocación del ser humano o el valor de esta creación y esta historia. Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia. Ser cristiano es reproducir en nuestra vida el misterio pascual y así podemos cargar con las dificultades del crecimiento humano y espiritual en el seguimiento de Jesús. Presencia del Señor resucitado, mediante su Espíritu, se manifiesta particularmente en la acción de la Iglesia. El Espíritu “derramado a toda carne” interpela también a la Iglesia. Pero sobre todo, con la fe en la rsurrección de
Jesús sostenemos que aquella bienaventuranza del Señor se cumple: «Biena­ven­turados los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados».


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